Mientras Telecinco da vueltas y vueltas a la basura para llenar hasta cuatro canales con una programación que sólo se puede pillar con pinzas (y poco selectivas), la Sexta ha compensado mi abandono del cable (por eso de la crisis) con la transformación de un canal en un canal de cine. O casi. Temático no es, porque las mañanas están reservadas a las telenovelas, aunque menos mal, porque si ayer planché toda la ropa que encontré para no perderme un clásico de Wilder que no había visto (La vida privada de Sherlock Holmes), hoy quizás hubiese dejado limpísima la cocina al ritmo de Centauros del desierto. Menos que todavía existe la contención y el sentido de la responsabilidad. La cocina tendrá que esperar.
Por cierto, la película de Wilder muy recomendable, aunque la Sexta convirtiese las dos horas largas que dura en nada menos que tres. Con lo mal acostumbrada que estaba con el cable, no recordaba semejantes parones publicitarios. Y encima para descubrir que los anunciantes repiten anuncio (lo dicho, la crisis).
Y cambio de tema, os dejo este enlace a una noticia sobre la ironía, o algo así. Para amenizar, esta bonita versión de un tema de The Cure.


